Cinco altares, un solo corazón: En la Casa de la Cultura celebran a quien en vida compartió amor y conocimiento


Entre veladoras hechas con rollos de papel y yeso, lámparas con cartones de huevo y colores vivos, sin un solo toque de negro, la Casa de la Cultura se convierte en un espacio donde el arte y la devoción se entrelazan.
Cinco altares, un solo corazón: En la Casa de la Cultura celebran a quien en vida compartió amor y conocimiento
TVP

Por Redacción TVP

viernes, 31 de octubre de 2025 11:10

Entre figuras hechas a mano, velas y retratos pintados que evocan la memoria, el director de Artes Visuales y artista Jorge Luis Hurtado, montó junto a estudiantes y compañeros de la UAS, cinco versiones distintas de la ofrenda que, más que recordar la muerte, celebra la vida y el amor que perdura, el altar de muertos. Mismos que se encuentran al interior de la Casa de la Cultura de la Universidad Autónoma de Sinaloa. 

“Para mí, hacer altares es una pasión que no he dejado desde 1978…Aquí nada se compra más que la comida y las flores. Todo lo demás lo hacemos nosotros”, explica.

Compartió que cada altar tiene su propio espíritu: 

El primero, en miniatura, está dedicado a su padre y hermanos; conserva todos los elementos tradicionales en tres niveles: cielo, tierra e inframundo.

Otro representa una exaltación, el cual se coloca a personas fallecidas hace menos de dos años —un homenaje lleno de color y esperanza, este año fue dedicada a Eloísa Bonilla. 

El altar principal rinde tributo a Inés Arredondo, la escritora sinaloense cuya obra trascendió las letras mexicanas. En él destacan pinturas elaboradas a mano y un Cristo tallado por el propio Hurtado.

Los otros dos altares, honran a grandes gestores culturales de Sinaloa, como Gilberto López Alanís, Ramón Mimiaga y Arturo Castañeda, además de mujeres que dejaron huella en el arte y la cultura: maestras, actrices y poetas como Socorro Astol, Rosa María Peraza, Dora Josefina Ayala y Norma Millán. 

Para Jorge Luis Hurtado, cada nivel del altar tiene un significado profundo: el cielo, con flores blancas, pertenece a Dios; la tierra, adornada con flores rojas, representa la vida y los sabores; y el inframundo, de flores amarillas, guarda los platillos que todos comparten —tamales, pozole, frijoles y barbacoa—, símbolos del reencuentro con quienes se adelantaron.

En esta tradición, insistió en que no hay luto, hay amor.

“En un altar no hay tristeza ni soledad. Es un reencuentro con lo bello, con los abrazos y las risas de los que amamos. El amor nunca pasa, solo cambia de lugar”, reflexiona el artista.

Entre veladoras hechas con rollos de papel y yeso, lámparas con cartones de huevo y colores vivos, sin un solo toque de negro, la Casa de la Cultura se convierte en un espacio donde el arte y la devoción se entrelazan.

Porque en México, el Día de Muertos no es una despedida, sino una cita con la memoria.

 


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