Una notable acumulación de residuos de unicel se ha presentado en diversas playas de Mazatlán, especialmente en la zona norte.
Situación que representa un desafío para lograr las certificaciones de playa, ya que el unicel es un material que es tratado con dificultad en el municipio y, por la estructura de sus partículas, tiene una desintegración muy lenta.
El impacto ambiental de este contaminante es considerable: sus fragmentos son fácilmente transportados por el viento y las corrientes marinas, llegando a zonas de anidación de tortugas, arrecifes y humedales. Además, al ser ingerido por fauna marina, puede causar daños irreversibles, afectando el equilibrio de los ecosistemas costeros. Con el tiempo, el unicel se fragmenta en microplásticos que permanecen en el ambiente durante décadas, alterando la calidad del agua y de los sedimentos.
La directora de Ecología y Medio Ambiente de Mazatlán, Sindy Monserrat Cortés Echeagaray informó que este problema ha persistido por varios años, pero actualmente se trabaja en coordinación con Operadora y Administradora de Playas Mazatlán para reforzar las jornadas de limpieza. Asimismo, en la actualidad se busca orientar a empresas constructoras e ingenieros en la implementación de estrategias preventivas durante las obras, con el fin de evitar que estos residuos terminen en el mar.
La directora destacó la importancia de que la ciudadanía también participe en las acciones ecológicas que se realizan de forma continua, ya que la conservación de las playas y la obtención de certificaciones dependen del compromiso colectivo. El cuidado de estos espacios naturales es fundamental para mantener la imagen turística y el equilibrio ambiental del puerto.