Hotel Tecate: Ayuntamiento y Cantina en la historia de Cajeme

Por Fernando Navarro

Hotel Tecate: Ayuntamiento y Cantina en la historia de Cajeme
El bar “ La Minerva ”, último vestigio de la nostálgica bohemia cajemense, que desde 1932 vivió varias décadas de bonanza, cuando Cajeme era el centro de la economía en el Estado, compartió el edificio con las oficinas del Ayuntamiento y ambos, ayuntamiento y cantina, aunque usted no lo crea, fueron objeto de atención de los investigadores de Ripley. Fue en la década de los cuarenta cuando las oficinas del Ayuntamiento se instalaron en la planta alta del edificio del hotel Tecate, ubicado en la esquina de la calle Guerrero y el callejón Colombia; ya que aún no se había construido el actual Palacio Municipal. En la planta baja del inmueble, Miguel Kuraica, propietario fundador y su barman, Tomás Ramírez, atendían a los ganaderos, banqueros, funcionarios, abogados, periodistas y demás concurrencia; mientras que en la planta alta quien despachaba era el Alcalde Vicente Padilla Hernández, mismo que cubrió el trienio 1946-1949. Miguel Kuraica, fue un inmigrante croata que, de manera visionaria, fundo el bar “Minerva” y bautizó el bar con el nombre de la diosa cazadora en recuerdo de un tío suyo que en la vieja Yugoslavia tenia un negocio de igual razón social. Después de 20 años de atender la cantina, de escuchar diversas historias, tanto públicas como privadas, de soportar todo tipo de personalidades; el paso del tiempo dejo su huella de cansancio, o de hastío, en su fundador, por lo que decidió, en 1952, traspasar el negocio a su inseparable cantinero. Así, Tomás Ramírez despachó, tras una vetusta pero recia barra de madera, desde el 52 hasta el año 2001 y, por lo tanto 49 años continuos; lo que le dio el trato afable e inteligente con tan disímil clientela. Con Don Tomas Ramírez, el tiempo no se comportó de manera diferente que con el pionero y primer propietario de bar; terminó por agotarlo, razón por la que lo vendió en ese 2001. Los nuevos dueños cambiaron, a excepción del nombre, desde la marca de cerveza hasta la fachada del lugar, sin olvidar los muebles, fotografías, carteles, caricaturas, mosaicos de dichos populares y publicidad que otorgaron esa atmósfera retro al “Minerva”, similar a la que aún se respira en “La Fuente” de Guadalajara y en “El Gallo de Oro” o “La Parroquia” de la Ciudad de México.

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