¿Buscan sicarios parecerse a los guerreros águila y jaguar aztecas?

Si viviéramos en la época prehispánica, ¿en qué estrato de la sociedad podría ubicarse a los sicarios?

Por Olivia Guzon

¿Buscan  sicarios parecerse a los guerreros águila y jaguar aztecas?

Debido a la violencia que ocasionan, su entrenamiento paramilitar, su comportamiento cruel y sanguinario y sus tendencias a veces hasta caníbales, irónicamente los terribles sicarios de la actualidad podrían haber formado parte de la sociedad guerrero de élite del ejército Azteca.

 

 

Existían dos tipos de guerreros de mayor rango entre los mexicas, unos eran los guerreros águila (conocidos como cuāuhtli), y otros los guerreros jaguar (ocēlōtl), y juntos eran llamados cuauhtlocelotl (que significa “guerreros águila-jaguar”). Estos grupos eran los guerreros más temidos del Imperio Azteca, los primeros eran en su mayoría nobles que habían destacado en el campo de batalla y fungían como mensajeros, exploradores o espías; mientras que los segundos eran los guerreros más temidos que encabezaban el campo de batalla durante las campañas militares.

 

Aunque en la sociedad azteca pertenecer a estos grupos era de gran orgullo, hoy en día los miembros de la delincuencia organizada lejos se encuentran de tomar su destacado lugar en la sociedad contemporánea; sin embargo, existen ciertos comportamientos que podrían indicar que los sanguinarios sicarios buscan imitar las prácticas y técnicas que pusieron a dichos guerreros en un pedestal durante la época prehispánica.

 

Por ejemplo, para formar parte de estas agrupaciones era necesario no sólo demostrar un talento excepcional en batalla y completar un largo y difícil entrenamiento, sino que los aspirantes debían capturar a guerreros enemigos para que éstos sirvieran de víctimas en los sacrificios humanos que se realizaban para alimentar al Sol. Algunas crónicas afirman que para ser guerrero jaguar se debían capturar entre cuatro y seis prisioneros por batalla para juntar 12 en tan sólo dos enfrentamientos consecutivos. Mientras que otras fuentes señalan que el número para los guerreros águila podría elevarse hasta 20 prisioneros.

De acuerdo con la mitología azteca, una vez creado el sol, los hombres debían ocasionar guerras, capturar prisioneros y ofrecerle al sol en sacrificio sus corazones y su sangre, para que éste nunca dejara de girar, porque sin movimiento no se podía concebir vida. El águila y el jaguar son los compañeros de combate del sol y por lo tanto quienes habrían de alimentarlo. Así́ el guerrero pasó del campo mítico al campo de batalla con una misión cosmogónica.

De ahí, que la muerte inmediata fuera menos premiada que la captura con vida. Esto se asemeja a la evolución que ha tenido los enfrentamientos entre narcotraficantes en México, pues mientras que las balaceras o asesinatos directos predominaban entre 1950 y el 2000, hoy en día el número de secuestro y extorsiones parece ser mucho mayor, lo que indica una tendencia más sanguinaria que destaca por sus niveles de crueldad.

 

De igual manera, la estructura de las agrupaciones criminales en el País parece similar a la de los aztecas en el sentido que los reclutas también deben pasar por un intenso entrenamiento con difíciles pruebas de iniciación y demostrar su valentía en sus enfrentamientos, además éstos parecen subir de nivel dentro de sus agrupaciones conforme su desempeño se vuelve más violento y cruel, pues al hacerse de un “nombre” temido en las calles refuerzan el poderío de su líder. Esto es exactamente la misma técnica del miedo empleada por los gobernantes aztecas, entre mayor temor infundían sus guerreros águilas en sus rivales, mayor era su dominio.

 

Cuentan los relatos obtenidos en el libro "Guerras de Mesoamérica"​ que un caballero jaguar podía enfrentar hasta tres guerreros al mismo tiempo, y que llegaron a ser tan temidos en batalla que en muchas ocasiones fueron decisivos al definir conflictos sin pelear, ya que por su simple presencia desmotivaba al enemigo a enfrentarse.

 

Para los aztecas ser guerreros águilas o jaguar significaba tener un puesto privilegiado, no pagaban tributo, se les concedían tierras libres de impuesto, podían vestir además de sus armaduras telas de algodón y usar sandalias, y hasta tenían derecho a concubinas. Hoy en día, desgraciadamente para muchos, la delincuencia es un medio para obtener riquezas, pues son bien conocidos los excesos a los cuales algunos narcotraficantes están acostumbrados: desde ropa de marca y bebidas alcohólicas costosas, hasta joyas, autos, equipos de sonidos y, por supuesto, mujeres que son tratadas como concubinas.

 

Por último, estos guerreros podían consumir carne humana, algo que se ha visto como una tendencia dentro de los cárteles mexicanos, empezando con el jefe de Los Zetas, Heriberto Lazcano “El Lazca”, quien comía guisos de carne humana, y después con “El Chayo” Moreno, también conocido como “El más loco”, líder del cártel de Los Caballeros Templarios, anteriormente La Familia Michoacana, quien obligaba a los iniciados en la agrupación no sólo a comer carne humana sino específicamente el corazón de sus víctimas. 

 

Recientemente, se dio a conocer que el Cártel Jalisco Nueva Generación también emplea el canibalismo para deshumanizar a los reclutas durante su entrenamiento.

 

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