Momias de Guanajuato, el tenebroso y polémico museo mexicano

Desenterradas hace unos 150 años, las momias de Guanajuato (México) se han convertido en una espeluznante atracción turística que cada año recibe miles de visitantes de todo el mundo atraídos por el peculiar proceso de conservación que sufrieron. Un lugar muy concurrido, pero no exento de críticas por parte de la Comisión Nacional de Bioética mexicana.

Por Concepción Soto

Momias de Guanajuato, el tenebroso y polémico museo mexicano

El Museo de las Momias de Guanajuato se catapulto a la fama tras el estreno de “El Santo contra las momias de Guanajuato”, película protagonizada por el mítico luchador mexicano que conquistó también el mundo del cine y cuyos filmes son considerados de culto a nivel internacional.


De pie, vestido con saco, pantalones rasgados, con su cabello y dientes aún preservados se exhibe detrás de una vitrina, el primer cuerpo exhumado del Panteón de Santa Paula que hoy alberga al Museo de Momias de Guanajuato ubicado en la capital del céntrico estado mexicano cuna de la independencia del país. 


“Volvía a ver la luz el 9 de junio de 1865, cuando los azorados sepultureros del Panteón de Santa Paula me exhumaron de la cripta #214, en la primera serie del cementerio”, se lee en la placa del médico francés Remigio Leroy, que forma parte de la exhibición del museo, junto con otros 117 cuerpos áridos, de los cuales 64 son mujeres, 30 hombres, 16 infantes, 3 fetos, 3 cabezas y un busto”, según explica el director del recinto, Ricardo Carlos Rodríguez Ojeda. 



DIFUNTOS MOROSOS. 


A los cinco años de su muerte, sin familiares ni amigos que renovaran el pago de derechos de perpetuidad que exigían las nuevas leyes de secularización de cementerios, el cadáver de Leroy, y más tarde otros cientos más, fueron trasladados a las catacumbas del panteón.  


La ley aprobada en 1859 durante el Gobierno del presidente Benito Juárez requería que los familiares de los muertos pagaran un impuesto por conservar su espacio en los panteones, que estaban desbordados, debido a la cantidad de personas fallecidas por el brote de cólera que azotó a todo el mundo a mediados del siglo XIX. 


En Guanajuato, las muertes eran tan numerosas que la ciudad se quedó sin espacio suficiente en los cementerios, así que los sepultureros exhumaban los cuerpos de los familiares morosos y los almacenaban en las catacumbas del panteón. 


“En un principio, las momias descubiertas fueron almacenadas en las catacumbas del cementerio a las que se entraba por una escalera de caracol que aún existe”, detalla Rodríguez Ojeda. 



¿CUERPOS MOMIFICADOS?.


Los sepultureros, sin embargo, se llevaron una sorpresa al abrir el nicho de Leroy y el de los demás. Estaban momificados. Pero este era un caso peculiar pues no se trataba de una momia en el estricto sentido ceremonial de la palabra, es decir, no era resultado del trabajo de embalsamamiento llevado a cabo por el hombre. 


“En cambio -explica el director del Museo de Momias de Guanajuato- los cadáveres se habían conservado de manera natural gracias a las condiciones ambientales del lugar en que fueron enterrados, nichos donde no podían penetrar la humedad y el oxígeno”.


”El proceso es completamente natural, no tocado por la mano del hombre, se deshidratan los cuerpos al estar emparedados al vacío, en caja de madera y sin nada de humedad ni rayos solares”, añade Rodríguez Ojeda. 


Así aparecieron personas de todo tipo, asegura Rodríguez, y a diferencia de las momias de Egipto, no se trataba de cuerpos pertenecientes a guerreros ancestrales o reyes. 


Los guías del museo que acompañan a los visitantes rara vez hablan de “cuerpos”, sino que se refieren a ellos con sus apodos o nombres: don Justo Hernández “el Hacendado”; doña Ignacia Aguilar, que fue sepultada viva; el “Revolucionario”; o “La China”.



FAMA.


Durante los primeros años las momias eran visitadas de manera clandestina. Sin embargo, fotografías de la mediateca del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), fechadas entre 1880 y 1990, muestran que en esa época al menos una veintena de cuerpos ya se hallaban en exhibición, recargados contra los muros de la misma sala donde años más tarde se filmaría la icónica película “El Santo contra las momias de Guanajuato” (1972), cuyo éxito convirtió al panteón de Santa Paula en un museo. 


Considerada como un filme de culto, la cinta que reunió a tres ídolos de la lucha libre mexicana (Blue Demon, Mil Máscaras y el propio Santo) fue un éxito no sólo en las taquillas nacionales, también alcanzó popularidad internacional atrayendo a turistas de todo el mundo. 


La fama del Santo llegó a toda América, Europa, Asia y el Medio Oriente. Países como Francia e Italia poseen las más vastas colecciones filmográficas en sus acervos.


Las 117 momias descubiertas hasta ahora le han dado al recinto “la colección de momias no artificiales más grande del mundo”, aseguran en su sitio web, las cuales representan una alta fuente de ingresos para el ayuntamiento de la ciudad. 


Tan solo en la última semana de 2018, el museo recaudó 2 millones de pesos (casi 100.000 dólares USA), de acuerdo con datos de la tesorería municipal. 


Se trata del tercer museo más visitado en México. Según Rodríguez, en 2019 fueron más de 620.000 personas. “La gente viene por morbosidad, nada más”, ha explicado a Efe Gabriel Alcocer, uno de los custodios del museo. 



POLÉMICA. 


Las momias se han convertido en un sello de la identidad de Guanajuato y su exhibición ha causado polémica. Para los investigadores, las momias son una fuente de conocimiento, vestigios materiales de sociedades antepasadas. Otros académicos han criticado la “mercantilización y el morbo” de los restos momificados, y han propuesto que se les inhume por respeto. 


En junio pasado la Comisión Nacional de Bioética, parte de la Secretaría de Salud, dio su opinión sobre la utilización de restos humanos momificados. En un documento sostienen que la exposición debe atender a propósitos científicos, culturales y educativos, además de evitar que se descontextualice y promueva el morbo.


“Sería importante sensibilizar a la sociedad y a los interesados en el respeto por la dignidad y el simbolismo de los cuerpos momificados, así como de diferentes restos humanos, elemento clave para las poblaciones antiguas de nuestro país”, señalan los expertos. 


En noviembre de 2018, durante el festival del Día de Muertos, ocho momias fueron sacadas del museo y colocadas en las calles de la ciudad al lado de puestos de comida y venta de artesanías. Este año, otros cuerpos fueron enviados a la feria de León por tercera ocasión. Ante ello, los especialistas recomiendan que se expongan sin sufrir daño que atente contra la herencia del pasado.


“Para evitar que las momias sean cosificadas en eventos y asegurar que su exhibición dentro y fuera del Museo sea respetuosa, hay que enfatizar como criterio bioético la importancia de obtener el consentimiento o autorización de sus derechos de descendientes o familiares”, concluyen.

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