El gran fragmento argentino del Muro de Berlín

El delegado de Alemania Oriental comunicó que su país estaba dispuesto a entregar todas las partes del muro que quisieran a condición de que donara una escuela

Por Concepción Soto

El gran fragmento argentino del Muro de Berlín

La noche del 9 de noviembre de 1989, un grupo de periodistas prepara en Buenos Aires el lanzamiento de una "newsmagazine" mientras observa a la distancia la caída del Muro de Berlín. Dos eventos inconexos que culminan en la travesía hacia Argentina del mayor fragmento del muro fuera de Alemania y la oportunidad para un artista de plasmar su obra sobre la pieza.

"Quedamos perplejos, como la mayoría de los ciudadanos del planeta y la mayoría de los periodistas, pero en nuestro caso nos parecía como una señal", comenta Jorge Fontevecchia, periodista y cofundador de Editorial Perfil, a la que pertenece la revista Noticias, que esa noche se publicaría por primera vez.

"No es que estaba cayendo el Muro de Berlín por nosotros, ni nosotros estábamos sacando la publicación por el Muro de Berlín, pero nos parecía un mensaje adecuado para transmitir la relevancia que nosotros le queríamos dar a lo que estábamos haciendo", manifiesta el periodista.

Bajo la convicción de que "en ese monumento al horror" había también "algo del periodismo y la comunicación, de la construcción de subjetividad, de la importancia de los mensajes, del poder que tiene la palabra", el también presidente del Grupo Perfil decidió llevar una parte del muro hacia la Argentina.


LA TRAVESÍA DEL MURO

Con esa idea en mente, al día siguiente Fontevecchia se comunica con el entonces embajador de Alemania Oriental en el país austral.

"Le explico que estábamos lanzando esa publicación, que nos gustaría traer una parte del Muro a la Argentina, que era un símbolo, que era importante que quedara una parte de esa historia en Argentina, le pregunté qué era lo que había que hacer, los costos económicos", señala.

Quince días más tarde, el delegado de Alemania Oriental le comunica que su país estaba dispuesto a entregarle todas las partes del muro que quisiera a condición de que donara una escuela allí, y así lo hizo el periodista.

Más de una docena de bloques fueron trasladados de Berlín a Buenos Aires, algunos de ellos con pintadas, otros en blanco.

Mientras que los primeros se colocaron en el hall de la editorial, una porción sin intervención fue fragmentada y distribuida junto a la publicación para uno de sus aniversarios. Otros tantos se guardaron y allí permanecieron durante años, hasta que uno de ellos recibió la impronta de un artista argentino.





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