A ser turista también se aprende

El comportamiento de algunos visitantes durante sus viajes deja mucho que desear. Estos son algunos ejemplos para aprender lo que no se debe hacer cuando nos convertimos en turistas.

Por Concepción Soto

A ser turista también se aprende

La covid-19 ha hecho que el sector turístico se tambalee. Fronteras cerradas, hoteles clausurados, confinamientos, necesidad de pruebas PCR, cuarentenas… Todo ello dibujó un escenario sin turismo de masas en el que las principales atracciones y ciudades turísticas del mundo se quedaron desiertas y en las que ahora se controlan más los flujos.


La economía ligada a este sector aún se resiente y muchos ven con preocupación el futuro. Otros, sin embargo, respiran aliviados. En los últimos años, la llegada de hordas de turistas había causado rechazo entre los habitantes de algunos lugares como Barcelona, Venecia, Bali o Ámsterdam cuyos responsables tomaban diferentes medidas para minimizar los aspectos negativos.


Que algunos turistas aprovechen su estancia para desmadrarse o mostrarse irrespetuosos no ayuda a que se les vea con mejores ojos.   



DEJAR CONSTANCIA DE SU PASO POR UN LUGAR. 


El pasado mes de septiembre un turista irlandés quiso inmortalizar su paso por la Ciudad Eterna de Roma grabando sus iniciales en el Coliseo. Según contó la CNN, el implicado era un hombre de 32 años y fue sorprendido in fraganti por el personal de seguridad. Las dos iniciales, de un tamaño de seis centímetros, fueron talladas con algo metálico en una columna del primer piso. 


El Coliseo fue construido hace casi 2.000 años y es una de las siete nuevas maravillas del mundo. Alterar un monumento de la importancia del recinto romano es más que una gamberrada. 


De hecho, según las leyes italianas, de acuerdo con el medio mencionado, dañar el patrimonio histórico o artístico puede acarrear penas de prisión y multas a partir de 2.000 euros (2.340 dólares USA). 


En 2014, un visitante ruso fue multado con 20.000 euros ( 21.000 dólares USA) por grabar una “K” de más de 20 centímetros en el monumento, según publicaba el medio local La Repubblica.   


En un episodio similar, en 2013, un adolescente chino escribió la frase “Din Jinhao estuvo aquí”, en un bajo relieve de una pared del templo de Luxor, en Egipto, con una piedra. Los restauradores actuaron con rapidez para subsanar el daño y los padres del joven se disculparon ante el país y el pueblo chino por la fechoría de su hijo. 


Algo parecido ocurrió en septiembre de 2019 en un parque estatal de Illinois, EEUU. Una pareja dejó su huella en forma de escrito, para lo que usaron un palo carbonizado, en una formación de tormenta de arena de más de 400 millones de años, en el Starved Rock Park. 


La investigación comenzó cuando, según relató Newsweek, se publicaron unas imágenes en una red social en la que se veía a un hombre y a una mujer al lado de la pintada, que consistía, principalmente, en las letras “B+X” dentro de un corazón. 


Aparte de tratarse de una localización natural de gran relevancia, el lugar había sido usado como lugar de reunión de nativos americanos. 



LOS RECUERDOS.


En 2008, un turista finlandés decidió que lo mejor que podía llevarse de recuerdo de su estancia en el territorio chileno de la Isla de Pascua era el lóbulo de la oreja de una de sus famosas estatuas conocidas como “moáis”.  


Según publicó la NBC, una mujer nativa de la etnia rapanui vio al joven en plena acción y lo denunció a la policía. Tras ser arrestado, tuvo que escribir una disculpa pública y pagar 17.000 dólares. Además, le fue prohibida la entrada durante tres años. 

 

“Cuando vienes al Museo Auschwitz recuerda que estás en un lugar donde murió más de un millón de personas. Respeta su memoria”, se leía en un post publicado en la cuenta oficial del museo que mantiene la memoria de lo que pasó en el campo polaco durante el Holocausto.


 “Hay lugares mejores para aprender a hacer equilibrio que el lugar que simboliza la deportación de cientos de miles hacia su muerte”, terminaba el mensaje. La petición iba acompañada de fotografías de gente caminando sobre los raíles, subidas a las redes sociales. 


En 2019, la serie de televisión “Chernóbil”, que retrataba el accidente nuclear en Ucrania en 1986, fue un éxito. 


La ciudad de Prípiat, donde está ubicada la central, comenzó a recibir más turistas que querían ver de primera mano aquella ciudad fantasma, congelada en el tiempo y tomada por la radiación. La polémica surgió, de nuevo, cuando las fotos eran irrespetuosas o de mal gusto: posados semidesnudos o poses de lucha junto a la noria .


En 2015, dos turistas estadounidenses fueron deportados de Camboya por otro incidente relacionado con fotografías irrespetuosas. 


Las dos jóvenes tuvieron que abandonar el país cuando fueron supuestamente sorprendidas haciéndose una foto parcialmente desnudas en uno de los lugares sagrados del complejo Angkor Wat. 


No era la primera vez. Poco antes, tres turistas franceses fueron arrestados y expulsados del país por la misma razón, según publicó The Guardian. El complejo Angkor Wat es un lugar de importancia histórica y también espiritual y hacerse fotos o desnudarse en él es considerado una falta de respeto. 


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