El coloso de barro

El edifico multifuncional Anandaloy (lugar de profunda alegría) en Bangladesh, alberga un centro de terapias para discapacidades y un estudio textil para mujeres, y lo premiaron por demostrar las posibilidades de construir con barro y bambú y ser un ejemplo destacado de inclusión social y una ‘arquitectura para la vida’.

Por Concepción Soto

El coloso de barro

Mientras los grandes estudios de arquitectura presentan diseños cada vez más futuristas, con los últimos avances en materiales y tecnologías, otros arquitectos exploran las futuras posibilidades de métodos constructivos tan antiguos como la Humanidad.


Un ejemplo de esto es un gran edificio de dos plantas, situado en una zona rural del norte de Bangladesh, en medio de unos exuberantes campos verdes de arroz, construido con barro y bambú, mediante un singular método que no requiere encofrad, basado en un sistema de moldes que dan forma al material de construcción.


Este “coloso que no tiene los pies, sino las paredes de barro” es obra de la arquitecta Anna Heringer (www.anna-heringer.com), quien considera la arquitectura como “una herramienta para mejorar las vidas de las personas”, y enfoca sus proyectos en fortalecer la confianza cultural e individual, apoyar las economías locales y fomentar el equilibrio ecológico.


“Sus paredes se curvan y parecen bailar, en vez de seguir un diseño rectangular típico,  y debajo de una gran rampa que asciende hasta la planta superior hay una serie de cuevas moldeadas en barro que brindan un lugar divertido para pasear o un espacio tranquilo para sentirse protegido y abrazado, si uno necesita un momento de sosiego y refugio”, según indica Heringer.


El edificio, poco convencional, se llama Anandaloy, que significa ‘El lugar de la alegría profunda’ en el dialecto bengalí local, y acaba de recibir el premio internacional Obel Award 2020, por “mostrar de una manera lúdica, creativa y humilde que la arquitectura puede contribuir a reparar el clima, así como la injusticia social y la segregación”.


El país donde fue erigido, situado en el sur de Asia, está muy poblado y ha sido uno de los más pobres del mundo, aunque está progresando en crecimiento económico y desarrollo humano, además de en áreas industriales, en incorporación de la mujer a la fuerza laboral, en educación y en reducción de la pobreza, según el Banco Mundial.



INCLUSIÓN SOCIAL Y EMPODERAMIENTO FEMENINO.


El edificio multifuncional es poco convencional, ya que alberga un centro de terapia para personas con discapacidades en su planta baja y en su planta superior aloja un estudio textil a cargo de mujeres para producir moda respetuosa con el medioambiente, que se enmarca en la creciente industria de confección de prendas de vestir del país.


Para Heringer, Anandaloy muestra “que hay mucha belleza en no seguir el patrón estándar típico”, destacando la rampa “que “baila” con su estructura, que es la única de la zona, además de ser el elemento arquitectónico predominante y un símbolo de la inclusión de todas las personas”.


“En Bangladesh, una discapacidad se ve como una carga de Dios o el karma de una vida anterior, y el centro de terapia ayuda a quienes la sufren a mejorar su situación mediante la formación, las técnicas de masaje y el equipamiento técnico, además de darles un lugar al que ir, que es el suyo, y no está separado de otras personas ni del piso superior”,  según Heringer.


Señala que el centro textil del primer piso, es un proyecto de confección de ropa para mejorar las oportunidades laborales en la aldea de las mujeres locales, usando sus propios recursos, construyendo sus casas, cultivando sus alimentos y cuidando a sus familias, en vez de tener que mudarse a la ciudad para vivir y trabajar en fábricas en condiciones estresantes e inhumanas.


“La arquitectura de Anandaloy, con sus curvas y geometría compleja, explora las capacidades plásticas del barro, mediante una técnica llamada ‘cob’, que no requiere encofrado y permite que las paredes curvas sean tan fáciles de hacer como las rectas”, según Heringer.


En su opinión también demuestra que es posible construir una casa moderna de dos pisos con recursos simples, ya que el barro no es solo tierra, “sino un material de construcción de alta calidad que puede usarse para construir, no solo pequeñas cabañas, sino también grandes estructuras muy exactas, de ingeniería e incluso edificios públicos”, añade la arquitecta.


“El barro es un material antiguo con el que se puede hacer creativamente edificios saludables, sostenibles, humanos y hermosos, apropiado para los usos, necesidades y aspiraciones contemporáneas”, incide Heringer.



CON ARCILLA, AGUA Y BAMBÚ.


Trabajar con barro también permite incluir usuarios y clientes directamente en el proceso de construcción, ya que a Anandaloy lo construyó un equipo de trabajadores de barro y bambú de la aldea, incluidas personas con discapacidades y, como el barro es gratis y el bambú se compró a los agricultores locales, la mayor parte del presupuesto se quedó dentro de la comunidad.


“Anandaloy funciona completamente con energía solar y el trabajo humano y la artesanía también fueron otras ‘fuentes de energía’ muy importantes en el proyecto”, señala.

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