Pedri es esto: una maravilla auténtica, una nueva versión del mejor Andrés Iniesta, capaz de acelerar y frenar, de darse la vuelta con el balón para despistar al rival, de ver un hueco donde a lo mejor no lo hay. Es... Difícil de encontrar un solo adjetivo porque casi a cada partido que pasa repite exhibición y en el Metropolitano la redondeó. Otra vez.
Tal es así que, por un momento, regresó a la memoria la hinchada del Santiago Bernabéu ovacionando a Ronaldinho, hace ya 20 años. Esta vez no fue probablemente tan generalizado, pero buena parte de la hinchada del Atlético de Madrid, en un momento dado de la segunda parte, se sumó a las ovaciones de la afición del Barcelona y el nombre de Pedri se oyó coreado en un estadio entregado a su calidad soberbia.
Apoyado por un Frenkie de Jong recuperado para la causa, Pedri lideró ese centro del campo que se completó con un Fermín López exuberante, luchador hasta límites insospechados y capaz de combinar en cualquier dirección en el momento determinado.
El Barcelona ganó, bailando a ratos y sufriendo a otros, con un grupo de jugadores comprometidos hasta el último aliento y que se presentan en el mes de abril con una sonrisa y aspiraciones absolutas.
Y a lomos de Pedri. Un jugador, un jugadorazo que como quien no quiere la cosa va recordando cada día más a un tal Andrés Iniesta. Y eso no es cualquier cosa.