Hace 158 años, un 22 de julio de 1867, se promulgó a nivel nacional una disposición que prohibía a los puertos ser capitales de sus estados. Para Mazatlán, esto significó el inicio de una nueva etapa política: la mudanza definitiva de los poderes estatales a Culiacán.
Mazatlán había sido capital de Sinaloa durante alrededor de 20 años en el siglo XIX, en un periodo marcado por conflictos, rebeliones y una intensa actividad comercial.
De acuerdo al cronista mazatleco, Enrique Vega, en aquel entonces, Mazatlán era la ciudad más importante de Sinaloa y llegó a albergar al Congreso y al Poder Ejecutivo, aunque sin edificios gubernamentales propios, sesionando incluso en la aduana marítima.
Pero tras la Ley del 22 de julio de 1867, bajo el argumento de evitar vulnerabilidades ante invasiones extranjeras, los poderes fueron trasladados de manera definitiva a Culiacán. A partir de entonces, Mazatlán dejó de ser capital, aunque no de importancia económica y cultural.
Hoy, Mazatlán es un puerto internacional clave, líder turístico y económico en Sinaloa, aunque la atención política suele concentrarse en la capital del Estado.
Como destaca Vega, este cambio sigue dejando huella en la actualidad, ya que la percepción ciudadana siente que la inversión pública depende más de la cercanía política que de la relevancia económica de cada ciudad.
158 años después, Mazatlán mantiene su peso propio, gracias a su cultura, gastronomía y atractivos naturales turísticos aunque su historia sigue recordando que alguna vez fue el corazón político de Sinaloa.