La mañana del 25 de julio de 2024 amaneció espesa sobre Culiacán. En la zona de Huertos del Pedregal, donde hace dos décadas apenas se sembraba maíz y se engordaba ganado, hoy sobresalen casonas de lujo, palapas de fiesta y jardines cuidados. En una de ellas —la Finca San Julián, al final de la calle— se gestaba un golpe que alteraría el equilibrio criminal más antiguo del Pacífico.
Ahí, entre palmeras altas con luces colgantes y una alberca que reflejaba el cielo, Joaquín Guzmán López, “El Güero Moreno”, esperaba a su invitado. No era cualquier visita: según su propio testimonio ante una Corte federal en Chicago, quien llegaría era Ismael “El Mayo” Zambada, el jefe histórico, el fundador, el hombre que durante décadas logró evitar una celda en cualquier país. En los documentos judiciales aparece solo como el “Individuo A”.
Lo citó —según narró— para “destrabar” un problema con algunos sujetos. Nadie imaginaba que esa mañana inauguraría una narcoguerra que, más de un año después, aún no termina en Sinaloa.
El plan
“El Güero Moreno”, uno de los cuatro hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán y parte de la facción conocida como Los Chapitos, ya había tomado sus previsiones: ordenó retirar un cristal de una ventana que iba del piso al techo en una habitación privada de la finca. Ese punto sería la salida de emergencia… y también la salida del secuestro.
En esa casona, donde las sonrisas encendían fiestas de madrugada, aquel día reinaba una tensión eléctrica. No se detalla cuántas personas participaron, pero en una carta previa, el propio Zambada aseguró que ahí también se encontraba el político PRIista y ex Rector de la UAS Héctor Melesio Cuén Ojeda, asesinado en el lugar.
El momento del secuestro
Cuando “El Mayo” llegó, Guzmán López lo invitó a pasar a la habitación. Cerró la puerta con seguro. Entonces, según su declaración, varios hombres armados entraron por la ventana, se abalanzaron sobre el jefe y lo esposaron. Le cubrieron la cabeza con una capucha.
No hubo disparos. No hubo gritos. Solo una operación quirúrgica que buscaba no atraer reflectores.
Lo sacaron por la misma ventana y lo metieron en una camioneta estacionada al exterior. Lo acomodaron de rodillas en el asiento trasero. Era el fin de la libertad del capo más escurridizo del narco mexicano.
Traslado a la pista clandestina
Diez o quince minutos después, en Rancho Berlín en Navolato, una avioneta esperaba con el motor tibio. Subieron al “Mayo” , lo ataron a un asiento con bridas y abordo también Guzmán López y un piloto.
Una vez en el aire, “El Güero Moreno” preparó una bebida con sedantes. Él bebió una parte. La otra se la dio a Zambada. No era un secuestro para negociar: era una entrega.
La aeronave cruzó la frontera y aterrizó en Nuevo México, donde agentes federales estadounidenses ya estaban listos para la detención.
La Guerra
A través de su abogado Ismael Zambada, contó su versión misma que coincide, en muchos con la expuesta ante el juez por parte de Guzmán López; un mes después, el Cartel de “Chapos” y “Mayos” se fraccionó, desatando uno de los conflictos violentos más cruentos de la historia de Sinaloa, con saldo preliminar de mil 500 homicidios
En Chicago: la confesión y el acuerdo
Meses después, en una Corte federal del Distrito Norte de Illinois, Guzmán López se declaró culpable de narcotráfico y dirección de una empresa criminal continua. El acuerdo no especifica fecha de sentencia, pero sí que la Fiscalía pedirá una pena menor a cadena perpetua, aunque no menos de 10 años… si coopera.
Y él aceptó cooperar
Pero en su narración aseguró algo más: que el Gobierno de Estados Unidos no pidió, autorizó ni avaló el secuestro. Que él mismo lo planeó para “ganar puntos” con las autoridades y ayudar también a su hermano Ovidio. El acuerdo es claro: no recibirá ningún crédito por ese secuestro, tampoco su hermano.
Ecos de un secuestro
La caída de “El Mayo”, el capo que siempre evitó cámaras, micrófonos, arrestos y traiciones, desató un reacomodo interno feroz. Lo que ocurrió en aquella finca silenciosa de Huertos del Pedregal no solo fracturó alianzas: desencadenó una guerra que sigue dejando muertos, desplazados y pueblos sitiados en Sinaloa.
Mientras en Chicago “El Güero Moreno” firma acuerdos y coopera para reducir su condena, en México persisten las secuelas de aquella mañana en que un vistazo por una ventana sin cristal fue el preludio del fin de una era y el principio de una guerra.
Cabos sueltos
A pesar de lo puntos de coincidencia, en el relato de el hijo de “El Chapo Guzmán” y del “Mayo” Zambada, quedan en el aire, ¿Qué hacía Héctor Melesio Cuén en la finca con el Chapito y con “El Mayo”?, ¿Quién lo mató? y ¿porqué?, según la carta de Ismael Zambada publicada el pasado, el capó serviría de intermediario para solucionar el conflicto de la UAS y el Gobierno de Sinaloa, pero según lo expresado por el Gobernador Rubén Rocha él se encontraba en los Estados Unidos, así lo demostró al hacer público sus ingreso migratorio a la Unión América en un jet privado.
La pregunta queda en el aire ¿Porqué Cuén pediría al Mayo ayudarlo a resolver el problema de una institución educativa?
¿Cuando, terminará la violencia en Sinaloa?